Vacío Temporal: Retazos de idilio y descontrol

Vacío temporal es la opera prima de Carla Vargas (Rancagua, 1994) editado por Los Libros de la Mujer Rota.

La historia nos cuenta la “auto” ficcionada vida de esta joven periodista y su viaje a la casa de sus papás, en Machalí, para desintoxicarse de la adicción a las drogas y el alcohol, haciendo detox, dejándose santiguar por Parguita (un viejo sanador del pueblo) y escribiendo una libreta donde anota reflexiones y posibilidades para salir de esas adicciones.

La sinopsis de las 146 páginas que arman este libro es simple para lo complejo de su contenido. En lineas directas nos adentramos en el mundo de esta cabra que se balancea entre los idilios más express y el descontrol de la bendita juventud que se esfuma por los talones del tiempo.

La novela de Vargas es audaz, violenta y cada tanto nos hace temer por la protagonista. Dejándonos en una constante sensación de ambigüedad.

Con un léxico contemporáneo, Carla nos invita a ser parte de su historia, a vivirla, a hacerla propia. Es un diario abierto de una cabra lesa y al mismo tiempo astuta, que cuestiona y decide. Bien o mal, es lo interesante de descubrir conforme avanzan las hojas.

Notables conversaciones con autoras feministas como Kathy Acker y otras un poco más under como Leslie Arfin que se conectan con la chiquilla por su lado politoxicómano hacen de esta novela un titulo necesario para jóvenes más conscientes de la vida, el amor romántico, la toxicidad en las relaciones y la sexualidad como herramienta de liberación pero a veces, solo a veces, como un arma de doble filo que nos presiona en la necesidad de sentir algo.

El sujeto de la novela nos explica de una forma más empática que fallar está bien, que las conversaciones de nuestra generación son eso, genéricas, que lo que nos pasa, nos pasa a todos. No hay novedad en eso pero sí en la forma de Vargas. Algo nos conecta a su Vacío Temporal, a extenderlo para no agotar la historia y a terminarlo con suspiros coquetos de conexión.

Reírnos de las tontos chat de Whatsapp y odiar lo funado que puede llegar a ser J y su tonto jueguito de enamorar.

Reírnos porque nos encanta que la protagonista se santigüe y no crea, que le pregunten si trabaja en la tele, revelando el origen de su familia y la ingenuidad con que aún se miran algunas carreras. Entre otras decepciones de esta década Mastercard.

Vacío Temporal, es justamente eso. Un espacio oscuro en la vida de la protagonista, un momento amargo que termina después de varias vueltas de esta joven que la llevan a una simple solución que podría habernos dejado sin historia.

Efectivamente, se siente mejor sufrir por una mujer.

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