Fue así como me di cuenta que me gustaban las mujeres

Le Sommeil, Gustave Courbet (1866)

Mujeres con historias de un primer amor, de la inocencia de no saber qué les pasaba, el miedo que lo rodea, tabús y anécdotas juveniles para enternecer el corazón de quien se deslice por estas confesiones.

1. María José C.

Estaba en la casa de una compañera del colegio, nos habíamos juntado a estudiar y cuando me fue a buscar mi mamá; todo el camino a la casa me imaginaba tomando su mano. Muy inocente. Cuando llegué a mi casa, prendí la tele y en el canal 99 estaban dando el video de las t.A.T.u. “All the things she said” me fui al carajo, había entendido todo. Ahora lo encuentro cómico y demasiado pop pero así fue. Muchas pasamos por el amor platónico de Yulia Volkova.

 

2. Camila Y.

Cuando estaba en colegio, primero medio, comencé a mirar mucho a una de mis amigas, ella llegó a mitad de año. Me encantaba todo de ella. Siempre (como dos años) pensé que sólo le tenía mucho cariño y que la encontraba una mina bacán, bonita e inteligente. Pero pasó que empezó a salir con un amigo y me costaba mucho verlos juntos, en ese entonces lo asocie a que ella estaba pasando menos tiempo conmigo, “celos de amiga”.  Ese tiempo que ella no pasaba conmigo la pensaba siempre. Un día hicimos una junta en mi casa con mi grupo de amigas (éramos 5), ya estábamos como en 3º o 4º medio y ella había terminado con nuestro amigo, ella se quedó en mi casa con otra de mis amigas y las tres dormimos en mi cama de plaza y media. Estábamos acostadas de frente con mi otra amiga en la espalda, su respiración me hacía sentir muy bien, quería tenerla más cerca. No me aguanté y le di un beso, ella me siguió y en verdad me encantó, igual teníamos que pasar piola por mi otra amiga. En ese momento fue cuando me dije ‘sí, me gustan las mujeres‘.

 

3. YrznCnls

Estudié en un Liceo donde en 2do Medio tenía que elegir un plan de estudio para 3ero y 4to. Fue así como tuve compañeras nuevas, caí en un curso en donde mayoritariamente éramos mujeres, y conocí a quién llamo “mi primera experiencia” (MPE). MPE era de nariz respingada, delgada, de caderas anchas. Enojona, mandona y heteronormada, criada a la imagen y semejanza de un hombre de campo violento, patriarcal y asquerosamente machista. Ella estaba en una relación con un tipo bastante mayor, por ende, cuando la conocí solo fue una amiga más.

Pasó el tiempo y volvieron las marchas de la revolución Pingüina, y bueno, siempre estuve ligada a ella (mientras todos eran Pokemones, yo andaba con un morral que hacía sonar las latas de spray para rallar la sede UDI de mi Región mientras colgaba). MPE no entendía nada de política ni revolución y como éramos compañeras, se acercó a mí y me pidió ayuda. Formamos una comisión de estudio y organización justo unos días antes de comenzar la toma. Fueron aproximadamente 2 meses donde compartimos mañana, tarde y noche juntas. Ella iba a mi casa a tomar once y ducharnos de forma digna, listas para volver a la guerra contra toda autoridad. Compartimos buenas y difíciles instancias, nos hicimos fuertes, comenzamos a admirarnos y a aproximarnos físicamente. Yo sabía lo que estaba pasando, ella actuaba muy bien.

Al cabo de unos meses, su vicepresidente decidió renunciar, conversamos toda una tarde hasta que me pidió que tomara el cargo y yo acepté sin dudas. Mi lesbianismo comenzó con una sola pregunta; ¿La admiraba y apreciaba o me gustaba ?

La semana de Aniversario había llegado y teníamos tremenda fiesta armada. MPE era de otra comuna, obvio le ofrecí que se quedará conmigo. Esa noche, entre agotadas por todo el trabajo durante la fiesta y ser las últimas en irnos, llegamos a mi casa, comimos algo y nos acostamos. Conversábamos cada vez más cerca, pasamos del tema fiesta a hablar de lo bien que trabajábamos juntas, se generó ese momento previo a un primer beso que es medio tibio, húmedo, medio nervioso, era la primera vez de todo. El beso disipó las dudas, alejó el miedo, dio inicio a la complicidad y al silencio. Habíamos empezado otra revolución, una interior.

 

4. Nicole

Tenía 16 y llevaba una relación hetero de 1 año más o menos, íbamos en el mismo colegio. Un día conocí a  una compañera de colegio de él, y quedé embobada de una manera que no entendía, fue una obsesión demasiado fuerte, pero no entendía si me gustaba porque era bien gótica y suavecita o si realmente mi foco amoroso se fue hacia las mujeres. Seguí con mi relación hetero hasta que un día mi pololo me preguntó qué me pasaba con su compañera y no supe explicarle. La cosa es que por x motivos esa relación de 2 años terminó.

Luego tuve otro pololo en el colegio, era mi compañero, mi pololo mujer, porque era demasiado hermoso y tierno y bacán, escuchábamos t.A.T.u. y bailábamos “Malchik Gay” en la sala.  El fin hermoso de esta historia es que en el año nuevo 2007 con este pololo llegamos a una fiesta “pokemona” de colegio, estábamos aburridos porque queríamos escuchar placebo, Evanescence, t.A.T.u. (obvio), la cosa es que en esa casa salimos al patio en donde se abrió nuestro mundo, el mundo diverso. Dentro de ese grupo estaba un primo mío, el Joan, en mi familia se sabía que era gay pero no era tema porque homofobia.

La cosa es que mi primo grita PRIMAAAAAA y ahí nos quedamos carreteando escuchando por primera vez gente que llevaba una vida homosexual. Ese día se les ocurrió la maravillosa idea de hombres duermen con hombres y mujeres con mujeres, adivinen qué, se me subió una chiquilla encima me dio un beso y me di cuenta que mi camino por siempre serían las mujeres, como también a mi pololo de ese momento. Le pasó lo mismo, y hasta el día de hoy seguimos queriéndonos, porque compartimos la misma historia de cómo nos dimos cuenta por fin que nuestro camino no era lo hetero.

 

Aimée y Jaguar

5. Dani

En mi adolescencia era una h​e​tero “normal”. Si bien, era pendeja, jamás sentí una atracción gigante hacia algún compañerito de colegio. Fue hasta el 2009 que salió la segunda generación de Skins y apareció Emily en mi vida, puede leerse súper idiota quizás porque era sólo un personaje, pero ella y su relación con Naomi me hicieron un click brígido y con eso comencé a cuestionarme muchas cosas. Así comenzó a llamarme la atención una niña, su forma de ser, la apariencia y su delicadeza. Al tiempo se convirtió en mi primera polola, pero no duramos ni un mes, porque todo se fue a la ​”B”​​aunque me quedó gustando esto de la diversid​ad.​

 

6. Isa

Creo que siempre lo supe. Como que siempre tuve una sensación de que no era igual a los demás. Como cuando a mis compañeritas les empezaron a gustar los niños y hablaban de eso, yo igual hablaba y decía “ay, si, a mi me gusta él” pero en verdad no me gustaba solo me caía bien y me di cuenta en quinto básico.

Nos juntamos todas las niñas del curso a la hora de almuerzo y por alguna razón nos pusimos a jugar a la casita (éramos grandes igual para ese juego pero filo) cuando empezaron a armar los roles, a mí me tocó de “esposa” una niña que se llamaba Fabiana y yo estaba demasiado feliz, era súper linda y fue como, esto quiero, de verdad quiero tener una esposa y en ese momento lo internalicé tipo “oh me gustan las mujeres” y fue así siempre, me gustaban mis compañeras del colegio. Siempre lo tuve presente pero, ahí, cuando tenía como 10 años, lo supe.

 

7. L (o la chica que enloqueció de amor)

Once upon a time… Esto se remonta como a mis cuatro o cinco años de edad, tal vez antes, o desde que era un feto. Parece una broma, pero me pondré seria esta vez. Mi abuela y mi papá tenían manos derechas en casa: mis nanas. En ese mismo marco de cuidado y ya de confianza, dos de mis nanas comenzaron a llevar a mi hogar, que en ese entonces aún era hogar, a sus nietas. En un sentido más formal, más concreto, fueron con ellas, con Carolina y Andrea, que viví mis primeras aproximaciones corporales; ya estaba establecida la pulsión. Asimismo, estaba mi vecina del barrio, Camila, con quien también se daba esta dinámica, aunque con C y A estaba más naturalizado; ambas partes no pusimos nunca reparos.

La dificultad en esta historia, hablaré en singular esta vez, siempre fue el ojo de la presencia paterna, quien de alguna forma ya detectaba mis impulsos que no sólo se reiteraban con ellas (recuerdo perfectamente los besos, son cosas a estas alturas inolvidables). Estaba el deseo y la culpabilidad, era una mixtura de ambas, por ese ojo y el ceño fruncido. Lamentablemente, eso prevaleció más tarde, cuando se supone que el despertar sexual y la carne ya estaban a la vuelta de la esquina.

Ahora se viene el capítulo dos, cuando por el ojo severo y castrador de uno de tus padres (aunque sea negado a toda costa), digo padre esta vez porque nunca viví formalmente con mi madre, que configuras miles de historias de fantasías, amores y encuentros de tintes más románticos que sexuales en ese entonces que se acercaban a la de Agnes de Fucking Åmål (obra cumbre que descubrí cuando fue estrenada en Chile, en 2003).

Creo que desde sexto básico cuando jugábamos basket, en un colegio de monjas en que las cosas no fueron tan crudas y donde no conocí explícitamente el concepto de bullying, que me empezó a envolver de a poco el síndrome del amor platónico. Allí estaban dos de séptimo, Sabina y Gabriela. Y yo, en el patio del colegio (como dice la canción de María José Quintanilla), dándole botes a la pelota encantada en silencio con Sabina, quien me sonreía, y creando lazos de buena onda con Gabriela. No sé si a estas alturas ser Agnes era una fortuna o un dolor. Y luego yo en séptimo con una par, Cecilia. Era lo platónico lo que prevalecía. Únicamente eso. Después, bueno, después el “primer amor”  que dentro de su carácter explícito nunca comenzó hasta que acabó. Se prolongó por más de dos años sin obligarme a sentir, todo se irradiaba sin mayor esfuerzo.

Me elevó y  me destruyó; ella me destruyó o me dejé destruir; ella me buscó, yo ya no estaba, ya no estaba porque de la nada se disipó; no me obligué a soltar, sólo se fue. Y entre medio de ese maldito amor (no cito a Supernova estrictamente), entre que andas, no andas y los besos corrían de manera fácil sin intelectualizar los impulsos; el primer pololeo, andar, salir, andar, salir, enamorarse, llorar, enamorarse, llorar, andar, salir.

El amor te alza y te remata. Mientras el sexo está casi a la vuelta de la esquina, el amor me alza, me remata, y cuando no lo atesoro, cuando no procuro proteger a la otra por mi falta de conciencia (porque en mi fibra más íntima y real lo atesoro, porque allí está todo mi deseo, mi anhelo y mi amor por ella), he podido reconocer cuánto te puedes seguir rematando.

 

8. Gabi

Lo supe cuando me gustó que me coqueteara una mujer y odié que lo hiciera un hombre, lo noté cuando me quedaba pegada mirando a una mina, mientras el mino más “guapo” intentaba “jotearme”. Lo supe cuando me imaginé en 5 años más y sin dudar me imaginé con una mujer. Lo supe, lo asumí y lo viví.

Paul Prosper Tillier

9. Martina

Cuando iba en séptimo básico tenía una amiga en mi curso. Nos juntábamos todos los días, iba a almorzar a mi casa y grabábamos videos, nos disfrazábamos a veces. En ese tiempo cada vez que veía una película me sentía extrañamente atraída por las actrices, una de mis favoritas era Rachel Weisz, hasta el día de hoy. Y no era esa atracción de “quiero ser ella”, era de “me pasan cosas con ella”.
Una vez mi amiga se quedó a dormir en mi casa. Nos quedamos en la pieza más lejana de la casa y me hizo cucharita. Ese fue el mejor momento de esa amistad LEJOS y ahí me di cuenta de que no era mi amigui buena onda, si no que estaba terrible enganchada. Después de eso le escribí poemas. Una vez le leí uno y se puso a llorar. No sé si supo que me gustaba, pero nunca le conté. Después me gustó otra compañera en primero medio, pero a ella sí le di besitos y ahí ya tenía muy claro que me gustaban las mujeres.

10. Fran

Siempre supe de alguna manera que me gustaban las mujeres. Era una sensación que tuve desde que prácticamente entré al colegio. Recuerdo que siempre me gustaba una compañerita, casi todos los años una diferente. Esa misma sensación se mezclaba con el sentimiento de saber que estaba bien pero al mismo tiempo tenía que mantenerlo en secreto. Hasta que en séptimo básico me cambié de colegio y conocí por primera vez a otra niña como yo. Desde ahí fue todo maravilloso.

 

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