La vida, el goce y el sexo de las hijas del fuego

TEXTO. Carla Yeahs

Las Hijas del Fuego, una película de la directora Albertina Carri y recientemente estrenada en Centro Arte Alameda.

La cinta de 1 hora y 55 minutos entra a los pasajes oscuros y alentadoramente sucios de la sexualidad femenina y anti-patriarcal.

Un retrato fluido, efervescente y divertida.

La séptima película de la argentina es una mirada seductora y con la que obtuvo el premio a la Mejor Película de la Competencia Argentina en la vigésima Edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente BAFICI.

La historia se construye en Ushuaia, una pequeña ciudad ubicada en el archipiélago de Tierra del Fuego, en el culo del mundo. Allí se reencuentra una pareja de chicas tras un par de semanas distanciadas. La ausencia de dialogo se hace imperceptible hasta que por fin estas dos mujeres se vuelven a ver y como es natural, actualizan sus días con la otra. En esta conversación una de ellas confianza tener como objetivo rodar una película porno, es así como comienza un viaje o más bien una travesía de descubrimiento y placer.

Un furgón y tres chicas. Un Road Movie por el Sur de América que va sumando mujeres a medida que avanzan en este viaje para expandir las barreras del amor romántico y así explorar los pasajes del sexo.

Así Carri nos revela la realidad del cuerpo y el deseo sin tapujos. Entre dildos, saliva, lenguas y vaginas nos invita a dos horas de una inquietante educación.

La libertad sin convenciones sociales ni dogmas retrógrados de la religión. La realización de la sexualidad sin penes, sin un guión que involucre la presencia masculina. Una versión moderna, feminista, audaz y complice del anhelo lesbico.

Orgías que cambian de locación pero no de cuerpo.

Un mar arrollador de sensualidad, de gordura, de formas de tetas, de pelos y vaginas en diversas tonalidades y tamaños. Con esto, Albertina se asfixia y nos vomita en la cara sus intrigas más íntimas. Que incomoda, claro. Pero que a la vez es necesaria, sanadora y de la que nos hace a parte.

Finalmente el deseo del personaje de Disturbia Rocío, la protagonista por hacer una película porno se cumple. Ella y nosotros, los espectadores. Estamos en ella.

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