La Nico

ILUSTRACIÓN. Rodrigo Montecinos

Tu pelo corto, tu encanto varonil de joven. Tu orgullo al pasar por las calles proletas de tu infancia que te vieron crecer y convertirte en una niña-niño que las viejas de la esquina tanto comentaban.

Que la maricona.
Que se cree hombre.
Que por fea ningún hombre te iba a mirar con gula.

Que soportaste tanto años el peso de tu largo pelo de niñita obediente y servicial. Una rapunzel del 2008 que se extirpó las cadenas heterosexuales de la voluntad de sus papis. Que primero lloraron por la deshonra clásica de no verte jamás embarazada y casada. Que después se enojaron por no entender cuál de los dos tenía la culpa de semejante castigo y que después entendieron a medias. Porque igual te tuvieron escondida de la vieja de tu abuela y de cuánto familiar canuto preguntaba que cuándo el pololo, que por qué tan ahombrada. 

A ti Nicole que te tragaste los insultos para no matar a toda tu casa. Que te armaste de valor para ser como siempre debiste. Una princesa azul. Que en el brillo fiel de su ser, encontró el amor en su aporreado barrio.

En las cuadras que daban a tu casa paseabas fantástica.
Nadie imaginó nunca que de un palo te iban a estancar los sueños de camiona feliz. 
De un palo a otro cambio tu destino.

De un zuácate te tuvieron amarrada, te desnudaron y te dieron muerte. Los peladeros abandonados de cariño se callaron y no le han dicho a nadie quien te mató. 
Ya son tres años y tu prima, la Maria, ha aprendido de ti, de tus hermanas lesbianas. No se ha cansado. Ahora difunde tu pérdida para soportar la tragedia. Te recuerda en cada cara de camiona soñadora, visible, luchadora y fuerte.
Y yo, Nicole. Sin conocer esa risa alegre que exhiben en la tele me atrevo a desenredar mi lesa escritura para declararte mi amor de compañera. 
Que pude ser yo. Imagínate Nicole, quizás estarías tú ahora pensando en mi o yo en otra. Y eso, Nicole, es tan triste. 

Ilustración por Rodrigo Montecinos

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