Bailar sobre el under: Relato de una fiesta electrónica

Escrito por Sofi Godzic

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Encarnando un momento histórico que se está llevando a cabo en la escena electrónica en nuestro Argentina a través de la globalización de la música, podríamos preguntarnos: ¿De qué se trata una fiesta electrónica under?, o ¿Cuáles son las características que la hacen única?

Como todo género musical, tiene millones de seguidores en el mundo. Existen muchos tipos de música electrónica, y a lo largo de las décadas que lleva en su recorrido histórico, ha acompañado a profundas y complejas transformaciones que atraviesan a la sociedad moderna. En este artículo les mostraré brevemente algunos fenómenos que nos atraviesan siendo partícipes de este movimiento sociocultural.

El 7 de mayo de 2017 me hice presente en un evento al que fui invitada por varios de mis amigos: Un club llamado “Laguna” ubicado en la costa de la laguna Setúbal. Una  zona periférica de la ciudad de Santa Fe, en el barrio Guadalupe.

Llegar hasta ese preciado lugar implica un esfuerzo extra, prácticamente está escondido y seguramente ni siquiera figura en el GPS. De todos modos hay que ir. El suceso es que toca un Dj rumano, se llama PRIKU y mis amigos no paran de decirme que “él tiene la posta”.

Jamás lo había escuchado antes, pero el significado de un DJ proveniente de Rumania tocando en un club escondido a la vera de la laguna Setúbal, sólo significa una cosa: bailar mucho al ritmo de música producida al otro lado del mundo, por una elite de DJs respetados, quienes representan la vanguardia y las corrientes musicales que están sonando en las capitales de la música electrónica.

Cuando nos hacemos presentes en el club, luego de un aventurado paseo en Uber por media ciudad. Son las 12.30 am del sábado y realmente hay pocos asistentes, entre los cuales estamos mis 4 amigos, yo y unas 25 personas más. Se supone que la fiesta tiene que llenarse para que los organizadores no salgan perdiendo dinero por una fiesta que organizaron tan a pulmón: “es el precio del underground”, dicen.

No es gratuito organizar un evento de tal nivel sin contar con grandes productoras ni sponsors de por medio.

Los chicos que la organizan, jóvenes influencers en la cultura musical local, NO están más interesados en ganar dinero que en transmitir la cultura de la música electrónica de calidad, así que sólo quieren que la fiesta se llene para que sea genial y ellos puedan “salir derechos”, por lo menos.

A medida que transcurre la hora, cada persona que ingresa me parece de cara conocida, seguro de otra fiesta; es que es el entorno que mueve a la misma gente. Esto tiene que ver claramente con que el evento se desarrolla en una ciudad-pueblo, pero más que nada se trata de que el círculo semicerrado del under tanto aquí como en cualquier parte del mundo mueve a ciertas personas que están buscando algo “distinto al resto”.

todos nos conocemos” es una frase muy escuchada, aunque siempre hay gente nueva que viene a ver qué onda. La mayoría se queda y ya no vuelve atrás.

Mientras medito sobre esta cuestión en el “Altar” o cabina del Dj, está mezclando Dj Néctar.  Él está a cargo del “Warm Up” esta noche.

Calentando la pista para que el Dj principal que es PRIKU llegue a tocar con el público sumergido en el viaje.

Rara vez un Dj se presenta sólo a tocar una noche, siempre están acompañados. Como en el caso de hoy, los artistas que se presentan responden a corrientes musicales que están a la vanguardia. Para llevarlo a una expresión más simple: están tendientes a ser moda, sin consagrarse todavía, pero siempre muy “cool” para la opinión general.

Para conocer la escena under tenés que buscarla, no te la están vendiendo, y por eso muy pocos la compran. Es justamente eso, música que circula por fuera de lo comercial, lo básico o vendible.

La poca luz que hay alumbra aleatoriamente de verde, amarillo y rojo las caras, los cuerpos y la pista de baile. Está casi lleno de gente cuando se cumplen las 1.30 am. La gente sale a bailar tarde en la madrugada, y cuando ingresa la segunda oleada de asistentes me recuesto en un sillón a observar el panorama, tomando una cerveza corona bien fresca.

Resulta que es el Dj quien plantea el mood del público, con un BPM (beats por minuto) bajo, quiere decir que la fiesta recién comienza. La mayoría de los clubbers  bailan a un ritmo moderado, todos visibles y atentos a la mirada de los demás. La intención de ser atractivo se disfraza con movimientos y miradas más o menos sutiles. Escuchamos temas House donde predominan las vocales y sonidos luminosos con bajos bien fijados. Todos sonreímos porque sabemos que vamos a pasarla bien, mientras nos inscribimos en la historia.

Muy progresivamente,  Dj Néctar comienza a “subirla” y los cuerpos lo perciben intercalando el ritmo de baile. Se respira un ambiente lleno de humo, luces, música, risas y amigos… Todos sabemos a qué fuimos hasta ese club, asique daremos lo mejor. Usamos la ropa de última moda, súper cómoda para bailar muchas horas (fundamental), y los aditivos necesarios.

A las 2.30 am llega el momento en que nos damos cuenta que ya fue establecido el ritmo unificador que caracteriza a las fiestas electrónicas. Es en este momento en el cual  puedo ver claramente cómo la charla entre los grupos empieza a omitirse, y  los cuerpos son los que se comunican a través del lenguaje que ofrece la música.

Nos sumergimos en un contexto otro, donde el sentido del tiempo  es organizado sólo por la música que está sonando. Esa experiencia del tiempo, cuando se trata de bailar, se transforma en “tiempo del placer” y las contingencias no se expresan a través de lo efímero de la existencia, sino a través de la euforia de vivir.

Como cada clubber o raver sabe, bailar “no sólo es experimentar la música como tiempo, es también experimentar el tiempo con música”. Lo significativo aquí para el sociólogo Víctor Lenarduzzi es que: “la música nos proporciona una experiencia del tiempo que está sucediendo y, cuando bailamos, por la fuerte implicación corporal que se experimenta, es un tiempo en el que estoy inscripto, en el que “yo también estoy siendo”.

Digamos que la música dance en este sentido, cumple con su objetivo: hacer bailar.

Asimismo, construye una experiencia colectiva al “estar juntos con la música” haciendo lo mismo, que es bailar y compartir.

Este sentido de integridad puede percibirse en ese tipo de fiestas, quizás porque como dice mi amiga Lu: “todos nos conocemos y llegamos hasta acá por algo… nos une el gusto musical y el ‘trip´ que propone éste género, entonces está todo bien con todos, somos entendidos”. Todos van a tratarte bien, y hacerte “sentir parte”… ya sea con gestos insignificantes como sonreírte siendo desconocidos.

Lo que dijo Lucía no es falso, de hecho es el fundamento más sólido de la movida undergound: Nada comercial ni de boliches masivos creados únicamente para recaudar. Sino la contracara más “seria”, “culta” y “respetable” de la cultura musical, a los ojos de los sectores que reproducen estos conceptos, claro.

Mi reloj  marca las 3.00 am y el BPM está cambiando y se acelera… Acaba de subirse a la cabina DJ PRIKU. Es el momento más esperado de la noche y mientras comienza a mezclar, sube el volumen y se percibe una euforia controlada entre los dancers con un tema a puro Minimal Techno rumano y furioso, sin dudas un género musical insurgente e importado directamente desde el corazón de la cultura europea.

Es el mejor momento de la fiesta, todos estamos felices y extáticos porque nos está haciendo mover el esqueleto y exactamente a eso vinimos. El sonido es de excelente calidad y eso es fundamental. Se escuchan comentarios por todos lados sobre lo bien que está sonando y lo fina que es la música que está mezclado. 

Son las 4.50 am: “LET YOUR BODY FREE” suena repetidamente en las vocales y es parte del concepto. Nadie se va del club, todos bailan,  nadie mira la hora ni el celular. A esta altura a pocos le importa demasiado la apariencia ni el “qué dirán”. Algunos cierran los ojos, o se ponen gafas para intensificar la experiencia sensorial sin ver, ni ser vistos.

La experiencia de la música, el cuerpo y el baile es puramente sensorial. Las personas alcanzan un estado muy distinto al que pueden hacerlo en otro contexto, y con esto me refiero al hecho de que muchos cierran los ojos o usan gafas, bailan solos en su mayoría y cuando establecen contacto es a través de caricias, abrazos o miradas efímeras: a través de estas actitudes puedo evidenciar tal aspecto sensorial de la experiencia, donde los cuerpos son llevados por la música, y ésta es la que parece hablar a través de ellos.

La venta de agua está a full en las barras. Además se toma champagne, cerveza o energizante. No hay presencia de patovicas porque no es necesario. Nadie se pelea con nadie y a pesar de que muchos están bajo los efectos de estimulantes sintéticos, no hay pleitos ni piñas. Las cosas se conversan y en general buscamos respetarnos bajo el lema de “cuidar el lugar a donde siempre somos bien recibidos”.

Se trata de un evento semi-clandestino que, si bien cuenta con autorización municipal, esquiva algunas cuantas normas, por lo cual siempre hay que evitar llamar la atención. Si clausuraran el club, la fiesta se termina para todos.

A Eugenia se le ocurre mirar la hora: son las 5.22 am ¡! (Nos quedamos sorprendidos). Nadie se dio cuenta de cómo había pasado la hora…Ya falta poco para que termine.

Todo parece en slow motion” se escucha decir por ahí, y PRIKU comienza a despedirse “explotándola”.

Se escuchan chiflidos y aplausos, todos bailan y  presienten los últimos temas. Queremos aprovechar al máximo lo que queda, disfrutando lo más posible del impecable SET que está ofreciendo el rumano, haciendo honor a su fama. La práctica compartida del baile se entremezcla con amigos y con desconocidos.

Son las 6.00 am, se aproxima el final de la fiesta y ya se presienten los últimos temas… el feedback que se establece entre el público y el Dj, para el cual está entrenado,  da lugar a la comunicación sin necesidad de decir nada. Él sabe cómo guiar un viaje colectivo propiamente dicho, a través de la música “leyendo” al público.

Cuando pone fin a la música por disposición municipal, se despide con el último tema. Él y su público se saludan y aplauden. Le piden uno más,  pone otro y bailamos el último tema como si no existiera más tiempo que el ahora.

Cuando todo termina, nadie se va de la pista, y repetidamente se escucha: “Hey, ¿Dónde es el after?”.

Por Sofi Godzic (Argentina)

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