Archivo Amoroso: Historias que nos enseñan sobre el amor

Más que cualquier otra cosa

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Archivo Amoroso es la publicación online que busca poner de moda el amor y nosotros somos muy fan de esta plataforma que al igual que RARO es dirigida por chicas. 

Escuchar música en plan sad, comer un barril de helado de tu sabor favorito y perderte en el scroll infinito de archivoamoroso.cl es una combinación que solo un corazón emo haría. Y es que hay algo de novelero en sentir empatía por la historia, por la confesión de un alma destrozada por no corresponder.

Sufrir nos hace sentir vivos, nos recuerda que lo que vivimos con alguien fue real al menos para uno y lo que es mejor: Es que no somos los únicos que tenemos sed de mal, como canta de Alex, porque alguien nos rompió el corazón (de nuevo).

La belleza de la tristeza e imaginarnos casi sentados mirando por la ventana a alguien que pasa por lo mismo es brutalmente hermoso y nos ayuda a “sanar” una herida superficial que parece profunda (Si, “Sed de Mal” nos pega fuerte en este momento). Es por eso que nos sumergimos en este archivo para recopilar 5 historias que nos parchan el corazón con la gotita de otro ‘cucharon’ apenado.

Olvidamos quienes fuimos juntas

Escrito por Anónimo / Ilustración por Paula Sosa Holt

La primera vez que me sentí atraída a una mujer, tenía no más de 10 años. Era una amiga, mi vecina, nuestras familias se conocían.

Pasábamos todo el tiempo que podíamos juntas, yo la amaba, amaba el tiempo con ella, nos tocamos una vez, sin saber realmente. Se cambió de casa y nunca más la volví a ver, tenía 11.

El 2011 nos encontramos con nuestras familias en un restaurante. No éramos las mismas, olvidamos quienes fuimos juntas, un saludo y despedida fría. Yo sigo pensando.

Una estufita corazón

Escrito por Margarita / Fotografía por Connie Fernández

Pensaba el otro día en lo mucho que me gustas, en que ignoras completamente esta situación, o que lo sabes pero no te importa tanto. En que tienes muchas cosas más importantes en que pensar y que aparte de ser la niña bonita que siempre te mira y habla, no ocupó ningún otro rol en tu vida.
Pensaba en que era viernes, en que muero por recibir un mensaje tuyo, cualquier invitación me sirve, no tiene porqué ser algo amoroso, con verte me conformo. No soy tan ambiciosa.

También pensaba en que esta situación me frustra mucho, porque siento que busco algo que no encuentro, algo que jamás tendré o quizás sí, pero cuando? ¿En qué momento se supone que te das cuenta que me quieres? ¿En qué momento te enamoras de mi?

Al mismo tiempo en que pienso en mil historias amorosas contigo, también pienso en que si tú me quisieras sería un tanto terrible, porque tendría que enfrentarme a todos esos miedos más ocultos, porque a tu lado me siento indefensa, porque yo no quiero ganarte, ni seducirte, ni mentirte, ni mucho menos hacerte daño. Porque esas herramientas tramposas no me nacen contigo. Al contrario ¿ya dije que con verte soy feliz?

De todas formas sea lo que piense, me gusta pensarlo, y mejor aun, lo siento, y me gusta sentirlo. Porque despierta en mí algo que está escondido, porque mi corazón se siente calentito, porque las películas de mi mente tienen protagonista, y porque tengo con qué soñar por las noches.

Creo que no me esta importando mucho si me quieres o no, o si no lo sabes, o simplemente lo ignoras. Lo importante es lo que provoca en mí, en que es como una inyección de adrenalina en mi vida, una estufita para mi corazón, una razón para pensar un viernes por la noche.

Fantasma

Escrito por O. / Ilustración por Catalina Cartagena

Escucho Alex Anwandter en el sillón donde nos dábamos besos tomando vino escuchando Alex Anwandter. Estás en toda mi casa. En la mesa del comedor donde tomamos nuestro primer desayuno, en el piso donde quedaba esparcida tu ropa. Acercándote al mesón de la cocina a darme un beso. Encorvado frente al lavaplatos. Comiendo hamburguesas en el patio, en la hamaca que descubrimos demasiado tarde que podíamos compartir. Estás en la ventana que da hacia la calle. Sentado viendo series en el living. Estás sobre todo en mi pieza, en mi cama cada noche en que me acuesto sin ti. Estás en José Manuel Infante desde Providencia hacia el sur, en Miguel Claro, Santa Isabel y avenida Salvador, no puedo caminar hacia mi casa sin ti. Estás en las tres cuadras que separan mi casa del supermercado, estás en todos los pasillos, el de la cerveza y el vino, el de las verduras, el de las papas fritas y el maní. Estás iluminando la chapa de mi puerta con tu celular. Estás en toda mi casa. No puedo estar en mi casa sin ti.

Lo que construimos

Escrito por Inuyasha / Ilustración por Hola Nico González

Vuelve y hablemos acostados en tu cama, mirando las flores de tus sabanas, pensando en las que están afuera, las orquídeas y los cardenales. Te prometo que esta vez si las vas a volver a ver. Yo sé que antes mentí, pero en verdad lo creía.

Nuestra historia terminó, no existe. Lo que un día construimos se ha esfumado. Pareciera que es más fácil dejarnos, pero eres un fantasma conmigo caminando.

No quiero perder tu voz, pero es difícil recordarla. Es como cuando se te olvida una canción que tienes en la punta de la lengua e intentas tararearla, lo intentas y lo intentas, pero no sale. Sé que volverá a mí, ya no aprendí a soltar amores, ya no aprendí a dejarte ir.

Me gustaría contarte todo lo que no te dije. Hablarte sobre él y cómo terminó. Te habría dicho que era un amigo para que no te preocuparas, porque eso hubieras hecho. Te daría miedo que me mataran.

Ya van seis meses y todavía le doy la dirección de nuestra casa al colectivero. Ya no duermo ahí. Ya no viajo tan seguido, es más fácil caminar por Santiago. La Carol me cuida y las niñas me acompañan. Hice amigos nuevos también, te gustarían, aunque no entendieras por qué el Luis se pinta las uñas.

Me angustia pensar que ya nada hay de ti, que en verdad desapareciste y solo quedan las fotos. Es difícil creer en lo que no puedo ver, pero tú lo hacías con tanta pasión cuando le rezabas a tu Dios, espero te hayas encontrado con él.

Lee más en:  Me vas a dejar de doler

Quiero creer que aún estás, mirando desde lejos y que todo lo que te cuento ya lo sabes, pero igual me escuchas con atención, como si todo fuera nuevo, como cuando volvía los fines de semana a nuestra casa y me acostaba en tu cama, mirando las flores de tus sabanas, pensando en las que están afuera: “En unas semanas más, cuando estés mejor, iremos a verlas. Te lo prometo, mami”.

Mensajes

Escrito por Jac / Ilustración por Flo Meije

La primera vez que dijo que me amaba fue, sin darse cuenta, en un mensaje de texto.

Nos habíamos mirado por más de un año sin hablar, un día se consiguió mi número y desde ahí nuestra historia tuvo su punto de partida. La primera vez que nos hablamos frente a frente, la primera vez que salimos yo lo supe: la amaba.

Es complejo amar a una persona que no conoces, es más complejo amar a una persona desde el primer segundo en que la tienes en frente, después de un año especulando cómo sería.

Su mensaje llegó dos semanas después de estar saliendo, una semana después de nuestro primer beso. Dos semanas antes de hacer nuestra relación oficial. No se lo comenté hasta varios meses después, porque pensé que se sentiría incómoda. Desde ese día y por casi cuatro años le envié un mensaje de texto todas las noches antes de irme a dormir, incluso en las noches que estábamos juntas. Le conté historias, le conté cosas que solo ella sabía, le dije que la amaba, le canté canciones; todo en un mensaje de texto cada noche.

Supimos que algo no andaba bien cuando mis mensajes comenzaron a tener intermitencias. Los comencé a olvidar.

Todos los días le envié un mensaje para que supiera que la amaba. Todos los días escribí una obra de arte para ella. Fue nuestro ritual más sagrado. Jamás hablamos de los mensajes, jamás los comentamos. Yo los escribía y ella los leía y era perfecto.

Hasta hoy, dos años después de nuestra ruptura, cada noche escribo en un cuaderno una breve notita para ella, jamás se las enviaré y jamás las leerá. Ese es el nuevo ritual: yo la recuerdo y ella me olvida.

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Te recomendamos que sigas leyendo historias amorosas escuchando nuestra playlist Morir de Amor en Spotify.

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